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Entre las 2.200 tablas de arcilla que componían esa gran biblioteca de
Nínive había textos de medicina, de filosofía, de historia; también textos mercantiles,
composiciones poéticas, materias astronómicas y astrológicas. Las observaciones astronómicas y
astrológicas de la obra Iluminación de Bel contenían cálculos para saber con antelación
cuándo iban a producirse eclipses, tanto lunares como solares; menciona, -también, cierto tipo de predicciones
astrológicas y enumera algunas reglas apropiadas para interpretar los sueños, adelantándose por ello al
psicoanálisis y la psicología de nuestro tiempo. Los caldeos y los asirios sólo conocían cinco
planetas a los que, junto al Sol y a la Luna, adoraban como dioses; incluso los nombraban "dioses intérpretes",
pues mediante la observación de esos planetas podían interpretar y conocer determinados acontecimientos, tanto
personales como sociales. Aquí nacen las teorías astrológicas de las llamadas Casas del Cielo, es decir, el
cielo aparece dividido en 12 partes que corresponden a los 12 signos del Zodiaco. Estos recopiladores y estudiosos antepasados
han contribuido, además del gran prestigio alcanzado en su tiempo, al desarrollo de la moderna astrología. Fue tal
su fama, que se cree que hasta Alejandro Magno les consultaba para tomar decisiones difíciles: las predicciones que le
hicieron parece que siempre se cumplieron.
Sin embargo, serán los egipcios quienes elevarán la Astrología a la categoría de
ciencia de los astros; junto con los caldeos formularon la teoría de las influencias astrales. Una vez aceptada tal
influencia, se hacía necesario hallar el momento adecuado en la vida de los seres humanos para que obrara la acción
influyente de los planetas, precisamente para conocer esta vida con anterioridad y predecir el futuro. En este punto surgen las
divergencias entre los astrólogos de todos los tiempos, no sólo entre los de aquella época; levantar un
horóscopo, confeccionar una carta astral, no será tarea difícil, pero su interpretación no estará
al alcance de quienes tomen a la astrología como un juego, como algo lúdico. Entre los mismos estudiosos del tema
existen serias diferencias: mientras unos toman para sus mediciones e interpretación del cielo el día y hora, mes y
año de nacimiento, otros, en cambio, defienden que lo correcto y acertado para interpretar y predecir por medio de la carta a
stral y el horóscopo, sería conocer con la mayor aproximación posible el momento de la concepción. Este
último método daría lugar a innegables equivocaciones, ya que, como es obvio, resulta prácticamente
imposible el conocimiento exacto del momento de la concepción. Cualquier pequeña variación en ese instante
habría cambiado la posición de los astros y el resultado de la carta astral sería totalmente diferente.
También en la Antigua Grecia la astrología ocupó un lugar destacado; incluso Hipócrates de Cos pensaba que
podía ser útil en el pronóstico de las enfermedades y contribuir a su curación; así lo expone en su
famosa obra: Aere Aqua et locis.
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