Horóscopos y Astrología
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HOROSCOPO CANCER (4)

Para este cuarto signo del Zodiaco reservaban los estudiosos clásicos una interpretación que relacionaba dos mundos; el de la idea o forma, y el de la ausencia de formas e ideas. Se entendía, pues, que el vacío y la nada también existían y, aunque parezca en apariencia paradójico, esos mundos, cuyo contenido era el vacío llenaban con su ausencia de forma; es lo que en lógica matemática, o en la teoría de conjuntos, se denomina conjunto vacío.
    Los animales han tenido una enorme importancia en simbología. Especialmente los animales que conviven con el hombre, los animales domados. El totemismo y la zoolatría se sustentan el uno al otro y, a lo largo de culturas diversas, se relación e influyen. El campo simbólico que alcanza el animal, donde termina y empieza su posición en el espacio, sigue siendo aún en el tiempo presente objeto de elucidación para los mitologistas y para los estudiosos de lo simbólico.
    Cáncer es un signo de Agua y su representación por medio de un animal acuático, como es el Cangrejo al cual se le estudia dentro de los seres definidos y naturales, parece basarse en el movimiento aparente del Sol. Desde una determinada perspectiva, ese movimiento aparente es en realidad un retroceso; como el del propio cangrejo, que al andar, retrocede.
    El simbolismo clásico de Cáncer tiene mucho que ver con el significado primario y general que le atribuye la Astrología.
    En el siglo XVI se establece un orden particular para los planetas en el cosmos. Según los famosos escritos del célebre Copérnico, que posteriormente avalarán y perfeccionarán Kepler y Galileo, el Sol se sitúa en el centro del universo. Empíricamente hablando, este acontecimiento dio lugar a la separación de la Astronomía y la Astrología, que hasta entonces aparecían juntas, unificadas. Durante la Edad Media se habla indistintamente de Astrología y de Astronomía; ambos conceptos tenían el mismo significado: la Astronomía era la base teórica y de ella se extraían los datos necesarios para la Astrología; estos datos permiten conocer con mayor rigor todas las variables necesarias dentro de las diversas posiciones de los planetas y la precisión de los horóscopos aumenta cualitativamente. Bajo el mecenazgo de Alfonso X se lleva a cabo una labor en este sentido francamente meritoria y difícil de igualar y valuar. Ahí están las obras confeccionadas por aquel equipo de estudiosos árabes, hebreos, conversos, cristianos...; unos traduciendo, otros interpretando, y el Rey Alfonso supervisando y coordinando tan exhaustiva tarea. Las Tablas Alfonsíes superan a las de Ptolomeo y a las famosas Tablas de Toledo que, según parece, compuso Azarquiel; sólo son desplazadas por las Tablas Prusianas y por las tablas de Tycho de Brahe y Kepler, las cuales se componen en los siglos XVI y XVII.
    No se agota ahí la preocupación del Rey Sabio por la Astrología; parece ser que se ocupó, además, de llevar a cabo la traducción de la obra de Astrología titulada Quadripartitum, escrita por Ptolomeo, y que hoy está considerada, junto con el Libro complido de Aben Ragel, también traducida por orden de Alfonso X, como una obra clásica de Astrología.
    El citado monarca, preocupado en exceso por el tiempo que le quedaba de vida, impulsó la realización de las traducciones de toda obra astrológica que utilizando el método "altasyir" en la lectura, (confección, levantamiento e interpretación de un horóscopo determinado), llegara a un conocimiento casi exacto acerca de la predicción del tiempo futuro, es decir, se trataría de hallar el tiempo que le resta de vida a la persona a quien perteneciera el horóscopo estudiado.
    Las teorías de Galileo y Kepler, que por entonces empiezan a recibir el nombre de científicas, en cuanto que repudian, desechan, y se oponen al dogmatismo y autoritarismo latentes en aquella época, inician una etapa cuya característica más sobresaliente va a ser la denominada lucha por un método científico.
    El simbolismo de la antigüedad, cuyo significado interpretativo trata de irradiar el mundo anímico, espiritual y psíquico para transfundirlo en el cosmos, sin embargo no sufre mella alguna, puesto que los sabios antiguos colocaban al Sol en lo que ellos llamaban el Cenit; concepto cuyo verdadero significado se ha tergiversado a través de los tiempos, si bien es cierto que nunca apareció explicado con demasiada penetración: más bien ha adolecido de cierto oscurantismo, en el sentido de que únicamente un grupo selecto usaba y comprendía tales términos. Este enigmatismo ha perjudicado el verdadero sentido que se pretendió dar al cenit. Este no era otro que el significado de agujero, pero entendiéndolo como un espacio aparente, cuya ubicación intemporal hace que no haya lugar para lo intempestivo, produciéndose, así, la comunicación entre el Plano Astral, mítico, no espacial y en cierto modo inescrutable, y el mundo de lo real sus formas y sus normas. No existe, pues, antagonismo ni aporía entre los saberes aludidos.
    Tanto la Astrología como la Astronomía son resultado y reflejo de la obligación y del compromiso de los seres humanos consigo mismos; su relación con el cosmos, los planetas y su influencia, desde su cambiante posición a través de cualesquiera y ancestrales tiempos.
 
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