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Casa natural de Escorpión
La teoría y existencia de las Casas en Astrología, así como
el problema de la importancia de la domificación, sigue aún discutiéndose
entre los astrólogos. Para unos, la importancia de las Casas es mínima,
desde luego mucho menor que la importancia de los signos; para otros, en
cambio, la significación de las Casas es decisiva y su estudio dentro de la
Astrología debe ampliarse cada vez más. Lo cierto es que el ciclo de las
doce Casas es similar al de los signos, y, al igual que estos, se
distribuyen y combinan entre sí, dando lugar a la siguiente división:
cardinales, fijas y comunes. Si se emplea el criterio de los elementos, las
Casas se clasificarían igual que los signos, es decir: Casas de tierra, de
agua, de fuego y de aire.
Existe, sin embargo, un criterio referido a la relación de
las Casas con el Sol, que no se encuentra en los signos; a saber: Casa del
alba, Casa del mediodía, Casa del crepúsculo y Casa de la medianoche. A la
Casa del alba le correspondería una atracción máxima; a la Casa del mediodía
le compete también una acción excesiva, pero referida a un aspecto psíquico
y somático al tiempo; a la Casa del crepúsculo se le atribuye cierto
cansancio, producto de la disminución de aquella fuerza magnética original;
por último, el lugar donde reina la tranquilidad, la inacción y, en el que
la ausencia de seducción y absorción son palpables, no es otro que la
medianoche. No obstante, las Casas no coinciden exactamente con los signos
y, por tanto, los astrólogos se ocupan de ellas separadamente. Y, así, la
Casa natural de Escorpión es la que representa la heredad y la muerte,
también la renovación y la transformación:
El signo de Escorpión se encuentra entre los 211 grados y los
240 grados; su espacio no coincide con su casa natural, es decir, con la
Casa VIII, pero la incidencia de ésta Casa en el signo del Escorpión es
latente. Para conocer el alcance de semejante influencia hay que tener en
cuenta, además, otras variables, por ejemplo que la Casa VIII se opone a la
Casa II, representativa de las ganancias y el dinero; que la Casa VIII es
una Casa cardinal y, por lo mismo, obliga al sujeto a relacionarse con su
entorno, a mantener una actividad apreciable. Es también una Casa de agua,
lo que indica cierta intervención del sino o del azar. Parece que
antiguamente el signo del Escorpión se lo asociaba con la corrupción y la
muerte y, en ocasiones, venía a simbolizar el espíritu de la venganza;
también la pérdida del estado de inocencia en que el hombre y la mujer se
hallaron en un principio; no obstante, se decía que, al fin, el triunfo del
Espíritu sobre la Materia sobrevendría, a pesar de todo, irremisiblemente,
aunque al Escorpión se le relacionaba más con lo fálico y lo sensual que con
lo etéreo y lo espiritual. En la interpretación emblemática de los animales
se afirmaba que el signo del Escorpión tenía mucho que ver con la salud. En
la época medieval, este octavo signo del Zodiaco era tenido por símbolo de
la traición y de la falsedad; la iconografía y el arte cristianos lo usaban
para expresar, simbólicamente, el error que la raza semita cometía al no
reconocer la evidencia de la presencia del enviado de Jhavé. Algunos
mitólogos y simbolistas modernos interpretan al Escorpión fundándose en los
estudios de Mircea Eliade sobre los monumentos megalíticos y, añaden, como
estos están formados por un elemento que significa cohesión y coherencia, es
decir, por la piedra. Los menhires, por ejemplo, con su posición vertical
nos indican y manifiestan que existe una relación entre la Tierra y el
Cielo, entre lo que está abajo y lo que se halla arriba. Al mismo tiempo,
esa verticalidad simboliza, también, el principio masculino; pero otras
escuelas de mitólogos prefieren para el menhir un significado relacionado
con la maldad y, así, la citada piedra sería una prueba de la existencia de
la estaca, de un instrumento de tortura y de la necesidad, consecuentemente,
de un verdugo que ponga en funcionamiento el útil de marras. Esta estaca de
sacrificio se convertiría, como expiación, en el eje del mundo, con lo cual
se añadiría también un componente proteccionista materializado en la idea de
Cábala, referida a cómo los restos mortales del ser humano pueden permanecer
unidos a una parte del alma; lo mítico y lo religioso se funden, por tanto,
y se identifican; las teorías y doctrinas animistas preconizan, incluso, la
adoración de ciertas piedras caídas del cielo, que no serán más que
meteoritos.
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