Horóscopos y Astrología
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La frisona pronto vio que había que dar un poco más de alegría a su carácter y se transformó en una estrella del oriente venida al occidente para quemar en su fuego a los espíritus más selectos. Vino como bailarina y como diosa de las Indias Orientales Holandesas, con esa aureola que tanto encantaba a los más aventureros neerlandeses y que ya estaba dando unos maravillosos ejemplares humanos con lo mejor de ambas razas. Las mujeres indoeuropeas o eurasiáticas, como se decía, tenían mucho a su favor; aunque sólo fuera ese toque que para los protestantes de Europa tenían los descendientes de aquellos extravagantes seres que habían roto el tácito acuerdo de no confraternizar con las razas conquistadas. Para los latinos, estas mezclas eran tan naturales como la Luna y el Sol; pero subiendo hacia el septentrión la cosa variaba mucho. Así que, de Java y de la India, llegó a los escenarios europeos la exótica señorita Zelle, ahora convertida en Mata-Hari, la fabulosa huri con sangre holandesa y fuego asiático en sus venas; con música en sus caderas y danza en sus tobillos. No lo hacía demasiado bien, pero lo que se buscaba en ella era la novedad y el atrevimiento, porque la Europa de la "Belle Epoque" estaba dispuesta a asombrarse (oficialmente) de todo; como si hubiera de asustarse por algo, tras las masacres oficialistas de la Comuna de París, de los cien mil hijos de San Luis, del Garibaldi tenaz contra el poder temporal de la Iglesia, de Fernando el deseado (el absoluto monarca que reimplantó el tribunal clerical del Santo Oficio en España) y de los zares despóticos en su medievo prorrogado. Pero la hipocresía funcionaba perfectamente bien en la Europa victoriana y Mata-Hari aprovechó el pseudoescándalo en su favor: sus contratos fueron lucrativos y la bella señorita Zelle ya no tuvo que volverse a preocupar laboralmente, tras haberse afianzado de estrella oriental y sacerdotisa espuria de las danzas erótico-culturales de mas allá del Indo. Los Leo sobresalen por encima de la masa y están felices de poder sobresalir; son estrellas natas, con una fuerza compuesta de encanto natural y de seguridad en sí mismos; tienen un encanto felino y están impregnados de este mórbido elemento animal. Los distintos lugares que los planetas ocupan en cada momento mientras recorren su órbita espacial se encuentran consignados en las tablas de Efemérides; éstas no son más que una especie de listas de los distintos astros. Convencionalmente, a cada planeta le corresponde un signo cuyo significado es universalmente aceptado, así como el diseño de su grafía; es decir, su anagrama. El movimiento realizado por los astros puede conocerse, en la actualidad, con una precisión matemática que en gran medida no difiere de las mediciones que establecían los sabios clásicos. No todos los planetas tienen la misma incidencia, por lo que se han determinado ciertas normas y reglas para conocer su mayor o menor influencia, pues mientras unos astros son poderosos, otros apenas hacen notar sus efectos. Estos cuerpos celestes, los planetas, realizan sus movimientos en el sentido opuesto al de las llamadas estrellas fijas, y obedecen sólo a sus propias leyes. Se sabe, por ejemplo, que mientras Saturno tarda aproximadamente treinta años en recorrer la órbita descrita por él mismo a través de la Tierra, la Luna emplea sólo unos treinta días. Este hecho condiciona, y explica, la diferente proyección de uno y otro planeta sobre los signos y las casas del Zodiaco. Por todo esto, ya desde muy antiguo los estudiosos del firmamento, los caldeos, por ejemplo, hablaban alegóricamente del simbolismo de los planetas y asignaban a cada uno de ellos toda una serie de personajes míticos y de dioses; así, a Júpiter se le atribuía cierta clase de paternalismo que implicaba sobre todo, protección. El Dios de la Guerra fue asociado al planeta Marte, y a Venus siempre se le identificó con el amor. La acción dual entre planetas producirá resultados armónicos e inarmónicos y movimientos de acción y reacción aunque, en realidad, sólo exista una única fuerza; pero ésta se manifiesta de múltiples formas: magnética, eléctrica, exterior, interior, por emanación, por creación... De esta manera, se ha llegado a concluir que existen los llamados Sentidos Astrales, los cuales tendrían mucho que ver con cierta Aura Astral mediante la que podrían interpretarse estados de temor, miedo, pena, alegría, etc. Todo esto prueba la existencia del Plano Astral y produce más luz en la influencia de los Planetas en los signos. Hoy es comúnmente aceptado el aserto que afirma la influencia relativa de los planetas, es decir, que su influencia no agota la iniciativa humana, ni en el aspecto de los Sentidos Astrales, ya citados, ni en el de los sentidos Físicos que, como afirman los científicos, comienzan por el sentido del tacto. Algunos sabios y estudiosos antiguos, por ejemplo Diodoro, explicaban que los Astros señalaban el curso de los distintos acontecimientos y sucesos, y los llamaba Dioses intérpretes. Su estudio le correspondía a la Astrología, que era considerada como la ciencia de los influjos. Los Astros revelaban el destino, según nos dice Fray Diego de Ariza en sus obras y, además, en sus interesantes estudios sobre Astrología Judiciaria, añade: (...) porque los astros son los dirigentes de tu vida, y los pasos que das por ella han sido ya contados desde el primer día que tus ojos han visto la luz. |
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