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FamososWilliam Golding, Greta Garbo, Sofía Loren, Isabel I de Inglaterra, Lauren Bacall, Agatha Christie.Francisco de Quevedo y Villegas Año de nacimiento: 1580 Dicen que los Virgo son buenos observadores y atentos especialistas en la vigilancia inteligente de sus congéneres. Nada más cierto en la personalidad de Francisco de Quevedo, notable vigía de una sociedad que no le gustaba y que conocía en profundidad en todos sus estamentos. Lo único que no encaja con la descripción caracteriológica es la conocida capacidad de los Virgo para ver sin ser vistos, para escuchar sin ser oídos y para pasar inadvertidos entre la masa anónima. Francisco de Quevedo y Villegas fue inteligente, observador, trabajador, pero, sobre todo, fue un osado, un lanzado adalid de causas perdidas; porque la hipocresía de su tiempo (como la de todo tiempo) era inaceptable y la construcción social, piramidal y aplastante para los cimientos empobrecidos de una España intransigente y enzarzada en las luchas soterradas del poder despiadadamente teocrático, no podía ser vista con buenos ojos ni aceptada por una persona sensible. La obra completa de Quevedo, poesía y prosa, es un monumento activo de la ciencia posterior, de la sociología o psicología, aunque tales denominaciones no puedan ser aplicadas con esa fecha tan alejada. Como añadidura fundamental, Quevedo dio a su obra el toque corrosivo, inteligente y lúcido del humor. En su formación debió primar la curiosidad de los virgo, pues estudió teología en la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, con los estudios de las lenguas muertas, y entonces todavía universales, del latín, griego y hebreo, pasó revista al árabe cercano de los berberiscos vecinos, al italiano de los mediterráneos más gozosos y al francés del otro mundo más libre que el negro y nefasto de los Austrias, reyes de guerras de religión, de monasterios y pocas bromas. Los Virgo, según la norma, suelen ser felices nadando entre las dos aguas que marcan los límites del anonimato: el superior de la brillante inteligencia y el inferior de la total idiotez. Así que no cumpliendo tales reglas del incógnito, y tomando claro partido por acentuar su presencia, Francisco de Quevedo siguió siendo observador Virgo, pero incumplió en el capítulo de la discreción que le tocaba. A lo mejor tal rebeldía fue la causa astral de los repetidos castigos sufridos en sus magras carnes, pero no sería tampoco sólo por rebeldía hacia el Zodiaco por lo que tuvo que pagar tanta factura, que los señores de la Tierra suelen ser bastante más crueles que los amos de los planetas. No nos imaginamos al Sol quemando la piel del súbdito astral por haber desafiado la línea que marcó su nacimiento, a la Luna desequilibrando su mente por atreverse a sentir o a pensar en otras direcciones. Son bastante peores los efímeros individuos que comparten nuestro tiempo y que tienen pequeña o gran parcela de poder sobre nuestras castigadas vidas. Nuestro buen Quevedo se va a Italia y allí comienza a ser personaje público a la orilla del duque de Osuna, virrey de Nápoles, y allí, en la incomparable belleza de su bahía, aprendería mil y una coplas de engaños y trapicherías. Año de nacimiento: 1891 Hércules Poirot no es el prototipo del hombre dinámico y arrojado que venza al crimen con la fuerza de su inteligencia y el arrojo de su carácter. Agatha Christie es su creadora y ese tipo literario ha sido especialmente célebre por haber sido diseñado como un señor maduro, belga por más señas (algo que, por lo general, no está ligado al mundo de los detectives ni de lejos), y muy tranquilo que pasa por los salones de las aristocráticas mansiones inglesas como un soplo de astucia en medio de oscuras envidias y malsanas ambiciones. Digamos de paso que Hércules Poirot fue asesinado por Agatha Christie en 1975, en el transcurso de la novela Telón, como un anticipo de que la muerte casi llegaba a la misma fosa para personaje y autor. Los nombres de Agatha Christie son muchos, como el de Mary Westmacott escritora dedicada a novelas del corazón. También están los nombres verdaderos de nacimiento y los de casada, Christie es uno de ellos , pero poco importa la verdadera personalidad oficial, cuando la que mejor nos da el tipo es la denominación célebre, la de la escritora de misterios policiales, en la campiña inglesa, en el Orient Express, en las márgenes de Nilo, en cualquier lugar en el que se postule que el delito puede permanecer inmune y se haga necesaria la presencia de Poirot o la inteligente Mrs. Marple, otro maravilloso personaje de su repertorio de detectives inusuales. Los virgo son perfeccionistas, meticulosos y sumamente perspicaces. No es de extrañar que el casi ridículo Poirot y la anciana Mrs. Marple puedan llegar a deducciones tan sintéticas, desenmarañando la espesa selva de falsas pistas, apariencias, despropósitos y equívocos, con una sencillez rayana en la inocencia; en esa virtuosa capacidad de pasar por encima de la malicia como una racha de brisa sobre los hierbajos tupidos de la maleza, posándose en el único claro existente. Los personajes deben ser un reflejo fiel de su creadora, un trasunto de su naturaleza. Y Agatha Christie es perspicaz en su vida real e inglesa y comprende muy bien lo que gusta a sus vecinos, la vida artificial que ellos quieren tener al alcance de su mano, pero fuera de sus hogares. Sus relatos son inquietantes, pero intrínsecamente ficticios; nada en ellos suena a cierto: ni sus personajes ni los hechos. Todo es una convención tácitamente acordada entre la autora y millones, decenas de millones de lectores que, además, también hacen cola para ver sus obras teatrales y disfrutar de unas sorpresas que tampoco pueden darse en su vida cotidiana. Perfeccionista en su vida, es también perfeccionista en sus misterios, urdiendo unas trampas que se solapan y van guiando, a través de otra serie tácita de convenciones, a los dóciles aficionados por sendas equivocadas o pretendidamente equivocadas; de manera que se sospeche de quien no se deba y no se sospeche de quien se deba haciendo, claramente a veces, o subrepticiamente, que la misteriosa aventura se pueda paladear hasta el final. También es otra convención el dejar para el final la solución, así legiones de amas de casa empezarán a leer las páginas últimas para estar más tranquilas durante el resto de la ceremonia detectivesca. Lo que más atrae de esta sensacional autora de misterios es su capacidad para producir historias en serie, con un argumento promedio más que aceptable y, en ocasiones, con ejemplos de lo que debe ser una narración modélica, que se ajusta a cánones clásicos de la exposición, desarrollo y desenlace, con ritmo, gracia y frescura; prueba de ello es que Agatha Christie, con una técnica casi victoriana y unos modales de perfecta señorita Marple, se introducía en el corazón de sus lectores con la misma pícara ingenuidad de su personaje inquisidor, pero apacible. Un autor clásico en la Astrología, Paterson, decía que un Virgo (en nuestra sociedad) suele ser más un observador que un sujeto activo. Como se puede comprobar, en esta ocasión, el comentario es completamente idóneo para Agatha, la escritora que, desde fuera, se mete en los círculos íntimos de un grupo y desmenuza sus motivaciones. |
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