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El dragón es un emblema de éxito y triunfo
instantáneo. Aplicado al amor, este señor del cielo no hace muy sencillas
las relaciones con otro símbolo de menor cuantía y no suelen enterarse muy a
menudo de hacia qué lado cae la estricta realidad. Así, cuando un dragón se
decide a amar, o a mostrar descaradamente su amor, nadie puede venir a
decirle que sólo es un sentimiento personal y nada más. Si el dragón -o la
dragón- se ha decidido, declarará abiertamente su maravilloso amor por una
determinada persona; que la persona en cuestión venga a opinar lo contrario
resulta, cuando menos, completamente desafortunado (así pensaría el
cuestionado dragón), porque su opinión y su convencimiento son muy
superiores a cualquier criterio ajeno y externo. El Dragón, rey del Cielo,
no puede quedarse tranquilo entre los tabiques de una vivienda, ni puede
resignarse a poner un escritorio entre el mundo y sus necesidades vitales,
necesita evadirse de la rutina y poder experimentar una forma distinta de
actuar en la vida: de comprobar de primera mano que se puede vencer al
destino en su terreno en cualquier ocasión y con cualquier herramienta o,
incluso, sin herramientas ni programas. El dragón es feliz así. retomando el respeto que se había perdido al vivir dentro de la excesiva normalidad, de la diaria parsimonia, eso que da tanta felicidad al resto de los mortales. Si la aventura sale mal, el dragón no se enfadará ni se arrepentirá de la decisión tomada. Sabe perfectamente que sólo se puede arrepentir de no haber hecho aquello que creía que debería hacer; de lo demás, asume toda la responsabilidad con plena conciencia de que sólo de ella o de él es tal responsabilidad: es lo que cuenta en su vida, el ser responsable de todos y cada uno de los pasos dados antes de que el destino se atreviese a marcar el sendero obligado. La aventura es su vida y sin ella no se vive, se vegeta. Es, casi, una forma de expresión, el único acento que se puede dar a la existencia. Dinamismo, magnanimidad, vitalidad, rigurosidad. Llegó en quinto lugar a la llamada de Buda. Tendencia: Yang Flor: Loto Elementos: TIERRA en 1940. FUEGO en 1952. METAL en 1904 y 1964. AGUA en 1916 y 1976. MADERA en 1928 Color: Negro Los dragón son gente sana por principio; por lo general, el mal permanecerá lejano y su longevidad será una buena prueba, la mejor, de que el emblema del fuego les ha sido favorable en cuanto a su organismo. El peligro no está en el lado físico de la vida, sino en el oscuro mundo de los sentimientos. El dragón, fuerte y enérgico, puede debilitarse totalmente ante una obstinada negativa, ante un desprecio casi imperceptible para los de más, ante un desaire repetido. Toda su fortaleza puede quedar minada ante estos hechos, u otros muchos similares porque a una criatura de su portentosa envergadura le son necesarias las palabras de aliento, las miradas de admiración, las sensaciones de apoyo y, sobre todo, las súplicas y peticiones de ayuda y protección. A sí como Tigre es el dueño de la Tierra, Dragón es señor de los cielos y ambos han de repartirse el dominio del Universo. Quede esto claro, dentro de los márgenes de desconfianza que debemos dejar siempre en todo lo que nos parezca dogmático, y pasemos a ver qué abanico de posibilidades y de incompatibilidades lleva consigo el pertenecer al grupo simbólico de los dragón. Los dragón son activos, con empuje, cuidadosos, honestos y, además afortunados. Son una gente maravillosa, sobre todo cuando no sale a la superficie su intolerancia o su impaciencia. |
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