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HOROSCOPO DRAGON (2)

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Gabriel García Márquez
Año de nacimiento: 1928

    Los dragón son gente afortunada y nuestro Gabriel no se puede quejar de mala suerte, pues desde su nacimiento, allá en marzo de 1928, en Aracataca, su vocación de escritor ha tenido el camino expedito y bien marcado. Pronto empezaría a publicar sus crónicas en periódicos colombianos, venezolanos, agencias de prensa cubanas, etc., hasta comenzar su propia serie de éxitos.
    Desde luego, Gabriel García Márquez podría quejarse de algún retraso y de algún que otro inconveniente, pero es que los dragón están acostumbrados a recibir el triunfo al final de cada trabajo, y esto no lo olvidan tan fácilmente cuando hay un tropiezo -sobre todo, como los que tuvo el autor colombiano en sus primeros pasos profesionales-, tropiezo que le supuso buscar fuera de su casa un sitio mejor. Su primera novela, La hojarasca, data de 1955, una docena de años antes de que transcribiese al papel las historias fantásticas que oyó desde pequeño y añadiese los datos de su propia imaginación. Magdalena es zona de historias y Colombia entera es una increíble base de fantasía en la vida cotidiana; el autor sólo tuvo que ordenarlas, desde el archivo de sus memorias de niño y adolescente, para después enfilarlas en las páginas de la narrativa más prodigiosa, que sólo en la vida real tenía parangón. Dicen los clásicos que los dragón son altruistas e idealistas y que pronto se aferran a una utopía para llenar con ella su vida. Gabriel García Márquez tuvo en la revolución cubana su utopía y a ella se agarró con fuerza. No era sólo una cuestión de prestigio o un asomo de poder compartido, no; era la proximidad a una revolución en marcha lo que más le debió atraer y allí se fue el dragón generoso, a sentarse junto a Fidel y a disfrutar, de primera mano, de los maravillosos logros de la triunfante fuerza renovadora.
    Lógicamente, tal renovación quedó bastante más en la epidermis y los nuevos cuadros, con otra disciplina y un ideario más rígido, sustituyeron la escala de mandos y el patrón de conductas por una nueva ordenanza menos caribeña y poco alegre. Pero la desilusión de la realidad no penetró en la impermeable ensoñación del revolucionario del deseo y García Márquez siguió cegado por la luz original de un amor que nunca llegaría a ser real. Prendido a ese sueño y prendado de él, Gabo se siguió sintiendo fiel esposo de la revolución dorada, escritor onírico y realista, periodista partisano, agente activo de un anhelo y enemigo encarnizado del mal encarnado en la potencia yanqui, que sólo puede traer daño y muerte, desolación y terror, frente a otra potencia, grande y bienhechora que está con su Cuba amada.
    Los dragón son idealistas por principio y no resulta fácil sacarles del ideal poniéndoles espejos conectados con la realidad del mundo. Son también inteligentes, sensibles, y la mejor prueba es que la gran obra de Gabo resulta de reconocido valor en todas las latitudes y longitudes del mundo. En 1967 publica Cien años de soledad, que inflama el universo conocido, nosotros, y nos da un mensaje de fantasía cercana, de imposibles hechos que deben ser ciertos o que, al menos, deberían serlo, por su encanto y su atractivo desmesurado.
    Se dice que los dragón saben escuchar con atención y con cariño. De la escucha atenta y maravillada debió nacer este siglo de soledad de la familia patriarcal, que en su obra resulta elevada al rango supremo de la inmortalidad y que, desde allí alto, nos sobrevivirá a todos, autor incluido, hasta que se olvide nuestra época para volver a renacer en otra más alejada. Junto a su obra, la explosión de fama de García Márquez supuso también que el reguero se extendiese a otros nombres latinoamericanos y, por necesidades editoriales o por facilidad de denominación, surgiese de su triunfo un nuevo denominador común para todos los escritores coetáneos. Se empezó a hablar del boom de la literatura sudamericana como si aquello fuese un todo en marcha; pero se logró que el reconocimiento de la obra individual pasase a ser reconocimiento de valores colectivos.
    Los dragón son trabajadores, voluntariosos. Así, no es de extrañar que la pluma de García Márquez siguiera manteniendo la línea creativa y los títulos como La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, Cuando era feliz e indocumentado, Todos los cuentos, El otoño del patriarca, salieron a recorrer el mundo, apoyados en su nombre y en la buena fama de su anterior obra. No eran tan buenas piezas de colección, pero sí fueron de un nivel muy alto y sus lectores, de nuevo, pudieron sentirse satisfechos.
    Del trabajo continuado también salió una larguísima serie de artículos semanales; pero poco después de escribir otro maravilloso relato oído en su propio pueblo, Crónica de una muerte anunciada, García Márquez recibe la gran alegría del Premio Nóbel de Literatura. Es su consagración universal, el reconocimiento a su obra particular y a la de todos los que le acompañaron o no en ese boom publicitario y periodístico.
    Antes había sido una larga lista de premios concedidos a su obra literaria: venezolanos, franceses, italianos, alemanes; pero el premio sueco y universal era el espaldarazo definitivo, la consagración casi innecesaria pero siempre bien recibida.
 
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