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Dicen los clásicos que los gallo tienen una
cierta proclividad a lanzarse a empresas mayores de las que con sus fuerzas
pueden gobernar y que el ver el resultado, el desgobierno, les crea la
angustia de la impotencia, les hace aflorar un sentimiento de abandono
cuando llega la hora de rendir cuentas y ven que todo parece escaparse del
control. Ese puede ser el pesimismo de Rosalía: darse cuenta de que la tarea
es inacabable y sus fuerzas son limitadas, que la tarea que se ha marcado es
demasiada, que desborda por completo sus fuerzas. Cuando publicaba estos
poemas, la enfermedad la había atenazado, había encontrado el dolor de la
muerte de un hijo y ya solamente la quedaba un año de vida. Había conocido
el dolor en abundancia, pero como buen gallo, había permanecido de pie, sin
abandonar su puesto y sin cejar en su talante. Los gallo pueden presumir de
justos, con ellos y con los demás, pero más aún, de árbitros de su conducta
y su comportamiento.
Según algunas prestigiosas corrientes astrológicas
preocupadas y dedicadas, sobre todo, al estudio de la demosofía oriental, el
animal emblemático representado por el pictograma relativo al Gallo, tiene,
observado desde una perspectiva de la totalidad, un simbolismo triádico
formado por un aspecto APARENTE, un aspecto EVIDENTE y, por último, por un
aspecto SENSIBLE. No es fácil acceder a vislumbrar los tres aspectos
reseñados, en parte porque el primero de ellos oculta con su fuerza y su
exacerbada claridad a los otros dos. Este mecanismo se pone en
funcionamiento cuando la única razón que mueve al descubrimiento del
simbolismo triádico es la curiosidad y no la participación de sus esotéricos
y ocultos efectos. Por eso, suele afirmarse que las personas nacidas bajo el
signo del animal emblemático Gallo, emiten una especie de magnetismo que las
hace diferentes de otras personas nacidas bajo la acción de otros signos; se
afirma que, psicológicamente, son personas excepcionales, a las que nunca
derrotarán cualesquiera avatares, por adversos que se presenten. Hay que
añadir a esto, además, su amplio saber, que los preserva del engaño de lo
convencional y lo aparente; son buscadores de la causa y no del efecto.
Una de las características que toda la sabiduría ancestral
atribuye al Gallo es aquella que lo considera como anunciador del alba, del
nuevo día; de aquí que los mismos estudiosos de todos los tiempos deduzcan
que el animal emblemático Gallo es el primer responsable, la primera
referencia, de toda acción; es un símbolo solar y un emblema cuyo
significado profundo es la vigilancia y la actividad. Algunas culturas de la
antigüedad interpretaban la fuerza oculta del Gallo en sentido catártico y
pensaban, por lo mismo, que su inmolación lograría curar las enfermedades.
En la Edad Media simbolizará la alegoría de la resurrección y, por ello, se
le coloca en la veleta de campanarios, cimborrios, torres y catedrales. Se
interpretaba en el sentido de dar prioridad al espíritu sobre la materia; y
en las agrupaciones de animales y sus sistemas de correspondencias y
ordenación numérica, aparece colocado entre el León y la Grulla. Es
representado muy especialmente por el arte románico.
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