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Los gato son maestros en todos esos pequeños
detalles como recordar aniversarios, onomásticas, preparar un regalo,
adornar una mesa o escribir unas líneas de felicitación. Si pudieran,
estarían todos los días felicitando a sus amigos y a algún tibio semi-enemigo.
Les gusta tanto la felicidad, que tratan de regar con ella a todos los seres
que se aproximan a su entorno. Los gato no se comprometen en ideas o
tendencias, pero nada les frena en el amor; en esto sí que se comprometen a
amar y a ser fieles, haciendo una única excepción con lo que más necesitan,
antes que el alimento y la bebida. En casi todos los animales emblemáticos
la aventura puede ocupar una parte importante en su vida, ya sea como motivo
principal de sus sueños o necesidades, o como una vía de escape al tedio
insostenible de la vulgaridad diaria. En este apartado de la personalidad
zodiacal, en el mundo del conejo o del gato, la aventura es un peligro que
acecha su estabilidad. Correr una aventura pierde su sentido de juego y la
posible carga de emoción, para convertirse en un riesgo que acecha detrás de
una situación imprecisa. El azar no es un reparto aleatorio de la suerte,
sea esta favorable o desfavorable, es por sí mismo un elemento nefasto,
porque todo lo que no sea conocido no se puede prever y el gato necesita
poder controlar el presente y el futuro, con un criterio de previsión que
muy pocos humanos pueden igualar. Que algo pueda suceder o no, por una mera
organización aleatoria de la vida, es algo que desagrada profundamente a los
organizados y metódicos gato. Discreción, prudencia, honestidad. Llegó en
cuarto lugar a la llamada de Buda. Tendencia: YlN Flor: La reina de los prados Elementos: TIERRA, en 1915 y 1975. FUEGO, en 1927. METAL, en 1939. AGUA, en 1951. MADERA, en 1903 y 1963 Color: Blanco Los gato tienen una sólida salud y una excelente capacidad para hacerse un refugio en el que protegerse de los ataques y las sorpresas y, por ello, su única grieta -en esa muralla montada con precisión alrededor de su existencia- está en la necesidad de refugio. Si al gato se le saca al aire, a campo abierto, todo su sistema se le viene abajo, queda inerme frente a las fuerzas sencillas de una naturaleza que no puede controlar. Desde luego, con su laboriosidad y disciplina rehará su hogar y se ocupará de los suyos -antes que de él o de ella-, pero quedará tocado por el susto, por la sorpresa, y marcado por el temor de que aquel desbarajuste pueda de nuevo sobrevenirle en otra ocasión, tan súbitamente como la primera vez. Para un occidental resulta muy extraño que el símbolo del gato pueda ser también cubierto por una liebre o viceversa. El felino y el roedor no parecen poder estar al servicio del mismo grupo humano; incluso se habla de la mixtificación con el ejemplo de dar gato por liebre, poniendo a la liebre en el departamento de lo bueno y al gato en la casilla de lo malo, lo falso. Pero en Oriente se puede intercambiar al gato por la liebre y nada pasa. De los dos se dice que reflejan la prudencia y la discreción; que son honestos y perseverantes. Cuando se quiere hablar más en contra, se resalta su egoísmo y su susceptibilidad. Lo único que no se le debe exigir al gato es que se encarame a una cátedra y vaya tomando, una tras otra decisiones de peso. Ese no es su papel. El gato administra, modera, prepara, estudia y realiza todo lo que haga falta hacer y un poco más, si es necesario; no es perezoso ni inconcreto, pero tiene un horror definitivo a la equivocación y muchas decisiones son muchas probabilidades a favor del error, muchas más de las necesarias para su equilibrio físico y mental. |
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