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Apasionados y disparatados en los momentos
culminantes de cada una de esas grandes y fugaces pasiones, los caballo son
uno de los símbolos emblemáticos de mayor inestabilidad afectiva y de mayor
intensidad amatoria. Con su amor se construye un organismo entero que le
acompaña para tal ocasión. Es decir, se enamora por una palabra, un roce, un
deseo, y tobillos, omóplatos, clavículas, bazo, encéfalo, aorta, colon,
bronquios y pómulos sufren la desaforada pasión. Se resienten los tejidos
óseos la médula, los cartílagos, la dermis y los meniscos. Sufren y gozan
todos los elementos del rompecabezas humano y la pasión se difunde quizá por
ósmosis por todo el organismo. Después, cuando pasa la vorágine, queda la
huella pesada y longeva del esfuerzo excesivo, del control perdido. Los
caballos se enamoran de espejismos construidos a la medida de sus fantasías
y las respuestas sentimentales se pierden, a veces, en el vacío, porque no
hay real objeto de amores, sino una sensación siempre presente de que ahora
es el momento, de que esta es la persona. Como si la ansiedad fuera una
razón en lugar de un impedimento para la marcha de los sentimientos. No es fácil definir el mundo de la aventura para un caballo, ya que sus limites están situados a lomos de otros mundos. Los caballo son unos fugitivos natos, no por temor sino por necesidad de estricta evasión, circunstancial al menos, de la vida cotidiana. Sus dimensiones no terminan en el terreno de lo concreto, sino que se extienden al otro lado de la frontera, en el terreno vecino de la fantasía o de los deseos y sus cabalgadas son más por una exigencia de permanecer incólumes que por conocer nuevos territorios. Discreción, honestidad, viveza y fogosidad. Llegó en séptimo lugar a la llamada de Buda. Tendencia: YANG Flor: Capuchina y Peonía Elementos: AGUA, en 1906 y 1966. FUEGO, en 1942. MADERA, en 1918 y 1978. METAL, en 1954. TIERRA, en 1930. No hay un mal propio de los caballo, como casi no hay una enfermedad externa que pueda atacar la salud de ningún ser, así, por designio del destino. Las debilidades más características es lo que debe preocupar y, en este caso, los excesos en la somatización son los enemigos interiores que acechan a los voluntario sos caballo, siempre lanzados con un poco más de velocidad, de ansiedad a sus múltiples pero sucesivos objetivos vitales.Aquí tenemos a un lobo (o loba) solitario, a un buen y duro trabajador que no va a poder aguantar la presión de una tarea rutinaria o de una labor entre una masa de compañeros. Le horroriza por igual la burocracia y la masificación, casi tanto como le horroriza el fracaso. No se piense que el miedo no se debe a estos puntos abiertamente confesados. Desde luego, lo que no le asusta en absoluto es la cantidad o la calidad del trabajo, siempre que se pueda hacer en solitario, por libre, sin tener que estar sometido a otros controles que los de su responsabilidad. Por si fuera poco lo antedicho, digamos que el nativo del Caballo, este ser tan individual (que no individualista) necesita como el aire la sensación de estar creando el fondo o la forma de su trabajo. Es un liberal en todo y no podría dejar de ser un profesional, excelente, liberal con todo el riesgo que conlleva tal postura en la vida dura de nuestra sociedad. |
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