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FamososSamuel Beckett, Rita Hayworth, Virginia Woolf, Amado Nervo, Igor Stravinsky, Josephine Baker, John Huston, James Joyce, Antal Dorah, Solzhenitsin, Robert Schuman, Vivaldi, Felipe González, Juan Rulfo, Federico Chopin, Ciceron, Aldous Huxley, Lenin, Pasteur, Jaime Balmes, Carlomagno, Paul McCartney, Isaac Newton, Max Planck...William F. Cody Año de nacimiento 1846 Pocas veces se puede encontrar un biógrafo con un personaje tan maravillosamente encajado en su papel, porque William F. Cody, el muy popular Buffalo Bill es un caballo por excelencia, un hombre apasionado, leal y tan inestable como lo exige su animal emblemático. William F. Cody nació en 1846, un 26 de febrero, en Iowa, hijo de un emigrante en continuo movimiento, siempre a la busca de una tierra que no parecía posible encontrar. En el seno de esta errante familia, el niño William se fue acostumbrando muy pronto a la huida hacia el Oeste, a la constante huida de los asentamientos que se iban -lentamente- poblando y a la salida hacia tierras vírgenes. Pero el concepto de tierras vírgenes, para aquellos expoliadores de buena voluntad y horribles respuestas, los terrenos sin habitar, era bastante especial, puesto que comprendía, sin ningún género de dudas, los enclaves indios. Naturalmente, los indios, genuinos habitantes de aquellos territorios, no estaban dispuestos a compartir el punto de vista con la familia Cody y otras muchas docenas de familias en la misma tesitura, y la lucha era feroz. Y en aquellas circunstancias, había que aprender a andar y disparar casi a la misma edad. Parece ser que Isaac Cody, el inquietísimo padre, enseñó a su hijo William a disparar a los indios, a los búfalos y a cualquier otro ser viviente que se moviese delante de sus ojos. A los doce años, según cuentan las crónicas, el joven William sabía manejar el impresionante fusil y el rápido revólver, aparte de haber incorporado el lazo a su repertorio de habilidades. Naturalmente, también sabía el joven Cody montar a pelo en los «broncos" que se le pusiesen por delante. Pero con todas estas señas de identidad, estamos describiendo a millares de jovencitos hijos de familia que habían conocido la corta y rápida salida hacia el Oeste de familias de europeos llegadas a una América de promisión. Como él, con su mismo entorno y habilidades, deberíamos estar en condiciones de presentar a una inmensa retahíla de vaqueros precoces, porque no había otra solución para encajar en aquel entorno tan singular, mezcla de maravillas y terrores, campos de caza y de muerte, que se abrían, casi infinitamente, a los ojos de los nuevos pobladores. Para un buen caballo y nos referimos, una vez más, al emblema, nacer en febrero, con el invierno boreal en pleno desarrollo, es una buena suerte adicional, porque --según dicen en Cantón--el frío atempera bastante la pasión y ese primer encuentro con la realidad del recién nacido, viene a calmar un poco la natural intemperancia e irascibilidad del caballo. Puede ser que el dicho no sea tan cierto como se afirma, pero es mejor que el futuro Buffalo Bill sea de febrero, porque de haber nacido en agosto, tal vez, hubiera sido un remolino en plena marcha. Ya tuvo bastante ímpetu naciendo en invierno, así que basta con lo que sucedió y no nos dejemos cuestionar por viejos aforismos. |
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