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Charlotte Bronte, nacida en Thornton,
Yorkshire (Inglaterra), en 1816, es un caso sorprendente, tanto por ser
buena escritora en un momento en el que la mujer está relegada a un segundo
plano de la sociedad, como por formar parte de un trío de buenas escritoras
y hermanas: las Bronte; ellas llenaron buena parte de la primera mitad del
siglo XIX con sus obras de prosa y poesía.
Las Bronte son un claro exponente del romanticismo universal y del inglés en particular. La emoción vence al pensamiento lógico; la melancolía, el acercamiento a la naturaleza. Es la victoria del sueño, de la pasión, del pasado y el futuro, de lo que pudo haber sido y no pudo ser. Cuando Charlotte, la mayor de las tres hermanas (hijas del clérigo Patrick Bronte, anglicano y con raíces irlandesas) nace, Inglaterra está en la plenitud del romanticismo, con nada menos que Byron, Keats y Shelley en todo su esplendor. La religiosidad también es una característica del romanticismo, y eso para la hija ilustrada de un clérigo, es una buena garantía y un atractivo adicional. Parece que nos complacemos en repetir la circunstancia de la paternidad, de insistir que el padre era clérigo, pero este punto es importante porque gracias a ello tres jóvenes, abocadas por cuna a la carrera del matrimonio y a su preparación, tienen la suerte de nacer en una familia de un pastor anglicano y allí aprenden a leer y a escribir, a comentar los textos y a usar de su cabeza en lugar de quedar limitadas por las faenas del hogar. Gracias a ello se convierten en mujeres ilustradas y la pasión romántica por la naturaleza, obra de Dios, y las pasiones humanas, tantas veces escuchadas y leídas en la biblia, concuerdan a la perfección con su educación. Los Ratas son inquietos y curiosos, y Charlotte es un buen exponente de esa inquietud y curiosidad. No se limita a quedarse en casa soñando y emprende, a los diecinueve años, su actividad en la enseñanza. De su experiencia en la enseñanza nace una vocación, y ocho años más tarde, con sus hermanas Emily y Anne, funda una escuela. Ella, conocedora del lenguaje y transformadora de sus palabras y frases, se ocupa de la enseñanza de la gramática. En 1846 las tres hermanas, asociadas tanto en la poesía como en la educación, publican su primer trabajo colectivo de poemas y lo hacen amparadas en los seudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell; pero nadie se da cuenta, en aquel momento, de que han nacido para la literatura tres firmas de calidad. Tal vez, refiriéndonos a la literatura Emily fuera la mejor escritora de la familia, y su obra maestra, Cumbres borrascosas (1847), se quedase injustamente relegada por el éxito inmediato de la gran novela de Charlotte, Jane Eyre, publicada también en el mismo año de 1847. Charlotte nació bajo el signo de la Rata y acompañada del Agua, y dicen los orientales que el agua transforma al Rata en un ser tranquilo y plácido, de pasiones contenidas y enemigo de los excesos; una persona que sabe escuchar y también mandar sin dificultad. A juzgar por la historia, Charlotte supo escuchar y también ser el jefe natural de las tres hermanas, con una energía y capacidad de organización que fue el motor de las tres. Los años de Rata y Agua son excelentes para las mujeres y volvemos a comprobarlo con nuestra Charlotte. Son años de creatividad, de proyectos realizados, de cambios favorables, y todo parece cuadrar con la descripción: la creatividad de la gran escritora; los proyectos siempre llevados a cabo, y el cambio, el profundo cambio desde el papel teórico del ama de casa al real de la maestra: la organizadora y la escritora de fama. No se dice nunca si la vida elegida por Charlotte Bronte fue difícil o no, si tuvo que sufrir al tiempo que saltaba por encima de los obstáculos impuestos por la costumbre. Sólo se van desgranando sus logros y enumerando sus .triunfos, sin dar mayor importancia a lo mucho que consiguió, como si fuera natural que así sucediera. Como buena Rata, Charlotte Bronte viajó, vio y guardó en sus recuerdos todo lo que se acercaba a sus sentidos. Con el romanticismo se enaltecían sentimientos y pasiones, se engrandecía el pasado y se agigantaban las fuerzas de la naturaleza, pero todo partía de la observación, de la realidad, a veces imperceptible para los demás, para después elaborarse y llevarse a sus últimas consecuencias. Como recuerdo de sus días en Bruselas, Charlotte escribió Shirley, y Villete, en 1849 y 1852. No todas sus obras tuvieron la posibilidad de verse impresas en vida, ya que El profesor, su primera novela, tuvo que esperar hasta 1857, dos años después de su muerte, acaecida en Haworth, en 1855, a los treinta y nueve años, en plena madurez. Los Ratas son, cuando les llega la madurez, personas amantes de la vida del hogar y del encanto de la familia, pero ni en esos ratos de esplendor íntimo dejan de estar poseídos por la necesidad de la evasión, del escape hacia otros mundos; si pudieran, los Ratas tendrían un pasadizo oculto y totalmente secreto que les permitiese salir, sin ser vistos ni oídos, hacia los lugares más recónditos y exóticos, un camino instantáneo que les llevase a millones de kilómetros de la realidad cotidiana. Ese pasadizo siempre existió en Charlotte Bronte en forma de un sueño controlado de la imaginación creadora que le llevaba a otras vidas, a otras sensaciones que después describía como pocos han hecho, casi transcribiéndolas de su propia experiencia. Los Ratas son introvertidos, viajeros y apasionados. Un buen trío de características para nuestra escritora que hace honor a ellas. Pero, sobre todo, son creativos y enemigos de la rutina, de la administración, de la burocracia. En la creación Charlotte encontró su verdadero lugar y supo hallarlo bien para beneficio de la humanidad. |
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