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HOROSCOPO TIGRE (2)

Famosos

Charles De Gaulle, Francisco Goya, Oscar Wilde, Eisenhower, Luis XIV de Francia, Tennessee Williams, Isabel II de Inglaterra, Nicola Paganini, Tintoretto, Boris Pasternak, Kandinsky, Ho Chi-minh, Elizabeth Barrett, Rafael Alberti, Camille Pissarro, Emily Brontë.Barrett, Bronte y Rossetti

Julio Cortázar
Año de nacimiento 1914

    El optimismo es la primera característica de un tigre y algo de eso ya se debió pergeñar entre los hados al nacer Julio en Bruselas, en un agosto de 1914 cuando Europa estrenaba su Gran Guerra. Pero Julio Cortázar, con nombres españoles y padres latinos, estaba ya cabalgando entre los dos continentes en los que vino a transcurrir toda su vida. Era un argentino de Europa, como sueñan siempre los porteños, y estaba condenado por la fortuna, adversa o favorable, a sufrir de cerca los rigores del enfrentamiento y a sufrir, íntimamente, los rigores que acaecían sobre el resto de la humanidad.
    Según los tratadistas, los tigres son tenaces hasta la terquedad, y Julio Cortázar no iba a serlo menos que cualquier otro autor obsesionado por un tema. El suyo era el de los latinoamericanos de París y el de la injusticia que venía del norte, del mundo rico. Hay una obra menor, "62 - Modelo para armar", que puede ser el síntoma primero de esa terquedad en una idea, del perfeccionamiento de una trama que se desdobla en otras historias, pero que es un hilo conductor constante. Se trata de situar a argentinos en París, en la gran ciudad soñada siempre desde Buenos Aires, y hacerles entablar una relación compleja con la realidad que le es externa, pero que sienten íntimamente en su alma universal. La generosidad, el entusiasmo y la sinceridad del tigre sale a relucir, aunque se quiera esconder, por pudor, en los personajes que, a retazos, describen al idealista Cortázar. Y esa obsesión se repite desde la magnifica Rayuela: la única novela que puede recorrerse a la manera clásica, con el místico mapa del autor o por la suerte de los dados.

Elizabeth Barrett de Browning, 1806

Emily Bronte, 1818
Christina Georgina Rossetti, 1830

    Tres sucesivas generaciones de escritoras románticas inglesas regidas por el símbolo del tigre, que va marcando (cada doce años) las vidas creadoras de tres mujeres en una sociedad nueva. En ella la mujer pasa a ser autora fecunda, constante, mientras que en otras partes cercanas del mismo mundo occidental, la mujer queda inmovilizada en su patrón de anfitriona de literatos y escritores, retomando el ya centenario rol del siglo XVIII -tal vez como una vuelta a la seguridad del pasado-, tras las convulsiones de revoluciones y restauraciones, siempre sangrientas.
    Las Islas Británicas parecen haberse salvado de ese baño de sangre continental y las oleadas de escritores se suceden. En nuestro caso, es Elisabeth Barrett el primer modelo de una tigre en acción. Aunque no parezca que poeta (o poetisa, como se recoge en los diccionarios) y tigre tengan mucho en común, sí hay que tener la enorme fuerza del tigre, su decisión y su entereza, para saltar de la vida doméstica que parecía reservada a estas tres mujeres y enfrentarse con el mundo de la edición, con la industria y los círculos literarios, tan llenos de rivales.
    Elizabeth Barrett publicaba con catorce años su poema épico The battle of Marathon (La batalla de Maratón), lo que es un dato impresionante, entonces y ahora, por la magnitud del trabajo y por la edad de la autora. Después Elizabeth profundizó en el mundo clásico y, fruto de esa dedicación, apareció en 1833 su traducción del Prometeo encadenado de Esquilo. Su trabajo continúa y un año después de su muerte, en 1862, vio la luz una compilación de trabajos titulada Ultimos poemas. Pero más importante es la fuerza del amor, no sólo en el romanticismo militante de sus obras, sino en su boda secreta con el gran poeta Robert Brwoning, seis años menor que ella, y en su huida (romántica) a Italia, donde vivieron hasta su muerte. Tras ella, Robert volvería a Inglaterra, a Londres. Emily Brontë no tuvo la energía ni la capacidad de su hermana mayor, Charlotte, pero fue dueña de una sensibilidad superior, de una capacidad más penetrante para entrar en el misterio de los sentidos y las personas. Su poesía fue la más copiosa de la publicada conjuntamente por las tres hermanas en aquella obra de 1846 firmada por las hermanas Bell y sus poemas son, a juzgar por la opinión de los especialistas, los mejores. Después de haber pasado casi inadvertidos, dos de esos poemas, Old stoic y Last lines, se han incorporado al acervo cultural inglés de forma definitiva.
    Pero la obra más importante y la más conocida fue Cumbres borrascosas, una tremenda historia de pasiones desafortunadas llevada al cine con repetido interés. Su nombre literario seguía siendo el de Ellis Bell y la obra fue eclipsada por el éxito de Jane Eyre, la novela de Charlotte. Así hubo que esperar a que el paso de los años realzase el valor innegable de la gran novela de amor imposible entre las familias Earnshaw y Linton, unos Capuleto y Montesco que pasan de Verona a Yorkshire.
    Con una vida tan breve, que se extingue a los treinta años y en unas condiciones muy especiales, bajo la égida de su hermana Charlotte, la determinación de Emily es excepcional y su valor evidente; máxime en una época en la que la mujer tiene casi que vivir a contrapelo en medio de la indiferencia general hacia otra cosa que no sea el convencionalismo y el interés material. Pero, gloriosamente, el resplandor del romanticismo había iluminado oportunamente los cielos de Inglaterra.
    Por último, nuestra tercera tigre, o la tigre de la tercera generación del siglo XIX, Christina Georgina Rossetti, tiene una distinta fortuna, ya que nace arropada por la fama de un pintor prerrafealista, Dante Gabriel Rossetti y del escritor y periodista William Michael. Los tres hermanos estaban unidos, por si fuera poco, por la edad, ya que estaban separados por un año de edad, respectivamente, y su carrera va tan paralela como su infancia, marchando unidos y a toda máquina, como el ferrocarril coetáneo que iba a revolucionar el mundo.
    Christina publicó poesías en la revista familiar The germ, con veinte años de edad; pero su trabajo más importante empieza a ver la luz cuando ya ha cumplido los treinta, con obras poéticas como El mercado del duende o El viaje del príncipe.
    Lo más importante, calidad aparte, es que también Christina Rossetti está trabajando en la poesía hasta el día de su muerte. Precisamente en el año de su fallecimiento se publican sus sonetos en la obra Monna innominata, y a sus sesenta y cuatro años sigue estando llena de vida y de alegría, con esa impresionante fuerza interior que queda patente en su amor a los niños, a los que también dedica parte de su obra, en forma de cuentos, como es el caso de Sing-Song.
 
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